Immanuel Kant, Sobre la paz perpetua, TECNOS, Madrid, 2005

“El ensayo filosófico Sobre la paz perpetua, publicado por Kant en 1795, poco después de la paz de Basilea entre Francia y Prusia, esboza un orden de paz permanente entre los Estados que se presenta, asimismo, como la meta final de la historia humana. Desde esta meta final de la paz perpetua se explica también la necesidad de una constitución republicana en cada Estado, necesaria, a su vez, para el desarrollo en plenitud de las disposiciones naturales antagónicas del hombre (su insociable sociabilidad). La instauración de la paz perpetua cuenta, por tanto, con la garantía última que ofrece la propia naturaleza humana al utilizar el antagonismo como una argucia hacia la concordia. Si bien esta garantía no es suficiente para vaticinar un futuro de paz, sí lo es para obligar a los hombres a trabajar en la consecución de ese anhelado fin. La paz permanente entre los Estados se revela, por tanto, como el corolario indispensable de la conjunción de los principios de la política interna y de la política exterior. Este pequeño ensayo remite necesariamente a otras obras de Kant, anteriores y posteriores a 1795, en las que desarrolla más detalladamente su filosofía de la Historia, así como su concepción del Estado y del Derecho.”

Jean-Jacques Rousseau, El contrato social o principios de derecho político, Tecnos, Madrid, 2007

“Expongo solamente las razones por las cuales los pueblos modernos, que se creen libres, tienen representantes y por qué los pueblos antiguos no los tenían. De cualquier modo, en el instante en que un pueblo nombra representantes, ya no es libre, ya no existe. «El contrato social» es la gran obra política de Rousseau. En ella, a pesar de su reducida extensión, se encuentran expuestos los principios de su ideal político. Independientemente del significado que tuviera para el ginebrino, el escrito adquirió vida por sí mismo, y ha desempeñado un papel crucial en el pensamiento político occidental de los últimos doscientos años. De Biblia de los revolucionarios de 1789 a libro de cabecera de Fidel Castro, ha sido considerado como la plasmación por excelencia de la teoría democrática. Fue, sin embargo, el libro menos leído de Jean-Jacques hasta la Revolución francesa. Prohibido en Francia, y condenado a ser quemado en Ginebra por «temerario, escandaloso, impío y destructor de todos los gobiernos», a raíz de la Revolución su suerte cambió radicalmente. Los ciudadanos franceses lo aprendieron de memoria y Rousseau se convirtió en un mito, utilizado indistintamente por derechas e izquierdas. Libro complejo a causa de las múltiples lecturas que posibilita, esta nueva edición ha tratado de entender el texto a la luz del marco conceptual del siglo XVIII y de las restantes obras del autor”.

Gottfried Leibniz, Nuevos ensayos sobre el entendimiento humano, Alianza, Madrid, 1992

“Tal vez, Nuevos ensayos sobre el entendimiento humano, obra publicada póstumamente en 1765, sea la más representativa de la voracidad intelectual de G.W. Leibniz. En ella aparecen múltiples referencias a los más variados campos del saber y a los más diversos autores sin por ello ceder un ápice de profundidad en la forma de pensar sobre unos y otros. El pensamiento de Leibniz arranca de un diálogo con los problemas y autores de su época, pretendiendo constituirse en la filosofía de la reunificación de la cristiandad. De ahí su atención a Spinoza y sus intentos frustrados de dialogar con Locke, cuyo Ensayo sobre el entendimiento humano (1690) provocó la redacción entre el verano de 1703 y enero de 1704, del grueso de estos Nuevos ensayos sobre el conocimiento humano. En ellos Leibniz intenta plantear una contraposición entre las diversas concepciones globales del mundo, lo que arrastra tras de sí a todos los campos del saber. La insistencia en la inmortalidad del alma y su inseparabilidad del cuerpo, la indestructibilidad de las mónadas, la universalidad de su percepción o el optimismo leibniziano son algunos de los temas abordados en esta obra, sin duda una de las más profundas e inclasificables del pensamiento filosófico europeo”.

David Hume, Tratado de la naturaleza humana, (Edición preparada por Félix Duque), Editorial Tecnos, Madrid, 1988

“David Hume viene siendo considerado, justamente, como el representante máximo de la Enlightenment y el empirismo inglés. Pero no fue solamente esto; y, seguramente, tampoco fueron sus hallazgos gnoseológicos lo que le convirtió en la figura más admirada de su tiempo. «San David de Escocia», como le llamaron sus contemporáneo, quiso ser, desde el inicio mismo de su filosofar, el debelador de todo dogmatismo, tanto religioso como político, erigiendo la tolerancia como virtud fundamental, no sólo en el orden social, sino también en el cognitivo.
El Tratado de la naturaleza humana mantiene a lo largo de sus páginas, vigorosas y frescas, esta tensión crítica y dismitificadora, tan cercana a las inquietudes de nuestra época. La atención universal que hoy merece el Tratado contrasta fuertemente, en cambio, con los primeros pasos dados por esta obra «maldita», anónima hasta el año mismo de la muerte de Hume”.

«En resumen: hay dos principios que no puedo hacer compatibles, a pesar de que tampoco esté en mi poder el renunciar a ninguno de ellos. Estos principios son que todas nuestras percepciones distintas son existencias distintas, y que la mente no percibe jamás conexión real alguna entre existencias distintas.»

David Hume

Immanuel Kant, Crítica de la razón pura, Taurus, Madrid, 2007

Taurus recupera la edición de Alfaguara de este clásico de la filosofía.

“Tras una larga gestación de once años, el gran filósofo alemán Immanuel Kant (1724-1804) publicó en 1781 la obra filosófica más influyente de los dos últimos siglos: Crítica de la razón pura. Partiendo de una síntesis superadora del racionalismo y del empirismo que caracterizaron el siglo XVIII, con esta obra Kant se propone dotar a la metafísica de un método científico similar al que habían alcanzado las matemáticas y la física y que necesita para volver a ocupar su posición anterior como ciencia fundamental para la comprensión del universo. De esta forma, su idealismo trascendental le lleva a construir los cimientos de una nueva concepción de la experiencia y del conocimiento basada en la razón.

Esta edición de la Crítica de la razón pura, a cargo de Pedro Ribas, se completa con una exhaustiva introducción que incluye información detallada sobre la vida de Kant y sobre esta obra, así como una cronología y una bibliografía muy útiles para el estudio de Kant. Para la traducción se ha utilizado el texto de la primera edición con las modificaciones que introdujo el propio Kant en la segunda, indicando en cada caso de qué edición se trata y ofreciendo en el margen la paginación correspondiente de ambas ediciones”.

http://www.editorialtaurus.com/es/libro/critica-de-la-razon-pura/

Holbach, El cristianismo al descubierto, Laetoli, Pamplona, 2008

Traducción de Joaquín Fortanet y y Rosa Martínez González
Epílogo de Josep Lluís Teodoro

“Un aprendiz recibió de un vendedor ambulante llamado Lécuyer —escribe Diderot a su amiga y confidente Sophie Volland—, como pago o por alguna otra razón, dos ejemplares de El cristianismo al descubierto, y vendió uno de ellos a su maestro. El vendedor, su mujer y el aprendiz fueron arrestados y puestos en la picota, azotados y marcados; el aprendiz, condenado a nueve años de galeras, el vendedor a cinco y la mujer a un asilo para toda la vida”.

El cristianismo al descubierto, publicado anónimamente en 1761 en Nancy y en 1767 en Amsterdam (aunque en esa edición se lee Londres, para despistar a las autoridades francesas) fue uno de los libros más buscados y leídos del siglo XVIII, y hoy sigue tan vigente como entonces.

Paul Heinrich Dietrich (o Paul-Henri Thiry, en su versión francesa), barón de Holbach, nació en 1723 en Edesheim, Palatinado, región de habla alemana fronteriza con Francia. Tras la muerte de su madre, su tío Franciscus, quien a finales del XVII había emigrado a París, consiguiendo amasar una gran fortuna y el título de barón, se encargó de su educación. Holbach estudió en la Universidad de Leiden, el centro europeo más avanzado en el estudio de las ciencias de la naturaleza y un foco de pensamiento ilustrado y laico en una Holanda relativamente tolerante. En 1749 volvió a París y se instaló en su gran mansión de la calle Saint-Roch. Holbach colaboró con casi 400 artículos a la Enciclopédie de Diderot, en particular sobre física y química, a la que apoyó económicamente en momentos difíciles, y convirtió sus comidas y tertulias en el salón de Madame d’Holbach (“la sinagoga”) en un gran centro intelectual frecuentado por Diderot, Voltaire, D’Alembert, Rousseau, Buffon y algunos extranjeros de paso por París (David Hume, Benjamin Franklin, Laurence Sterne, etc.). Holbach se convirtió en el gran promotor y difusor de las ideas ateas en la Europa ilustrada. De todos sus libros, el más importante es Sistema de la naturaleza —también editado en esta colección—, una de las obras fundamentales del movimiento ilustrado y la cultura europea, que en el momento de su publicación provocó una conmoción como pocas obras filosóficas lo han hecho. Holbach murió en París en 1789, en vísperas de la revolución.

“¡Divino Holbach! La pasión atea de este filósofo es considerable. Pulveriza los melindres deístas de Rousseau, las comedias anticlericales de Voltaire, defensor de la religión para el pueblo, y las dudas de Diderot sobre Dios” (Michel Onfray)

“El tema principal tanto en política como en cultura no es ya la batalla entre la derecha y la izquierda, sino entre la Ilustración y el oscurantismo” (Philipp Blom)

“El pensamiento de Holbach, y en concreto este ensayo, no han perdido actualidad alguna” (Francisco Bobillo, Leer)

“El extraordinario libro de Holbach El cristianismo al descubierto, recientemente publicado por Laetoli, debería ser de lectura obligatoria para todos los profesores y estudiantes de España” (Ramón Irigoyen, El País)

http://www.laetoli.net/colecciones/ilustrados/02_%20Holbach_cristianismo.html